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sábado, agosto 09, 2008

Por la mañana

Tu recuerdo despertó
en la trágica víspera de tu ida definitiva.

Mi pecho ansioso te tuvo
como en otro tiempo: alegre, pura y mía.

Y el despertar amargo
se quedó extrañando el sueño en el que eres tú,
vida mía.

miércoles, junio 18, 2008

Despedidas

No hay peor ida que aquella que se hace sin haber llegado,
que aquella que ves desde antes del arribo.
No hay peor despedida
que la que que se repite tantas veces que pierdes la cuenta
y se te agotan los adioses por la mano estática de frio.
Que aquellas que se hacen sin antes haber saludado.

No hay peor frio que el que congela desde dentro hacia afuera,
ni peor calor
que el que abraza el punto medio y profundo del pecho.
No hay peor clima que la soledad,
ni mejor exorcismo para un corazón roto que la propia pena.

No hay conclusión más ingrata
que la que te deja con los ojos secos y las manos vacías.

domingo, junio 01, 2008

Reminiscencia

Es mi palabra pequeña e inútil
frente al gigante monumento
de todo lo que fuiste y eres,
como una semilla seca
en el valle inmaculado de tu vientre.

Viva, la rosa,
en aquella sonrisa, en aquella nostalgia.

viernes, mayo 16, 2008

Ganas-texto breve

Hoy tengo ganas de amanecer con un vaso medio lleno en la mano y con humo escalando mis brazos y coqueteándome tras las orejas, quedándose en mi cabello. Quiero hablar de ti toda la noche sin decir tu nombre, sin llamarte para no verte y morirme de ganas de hacerlo. Quiero dar vueltas, caminar entre las calles mías que tantas veces compartimos, de un lado al otro, entre la neblina, como si tuviera que ir entre este vapor helado y percudido y quebrarlo, impregnarlo de mí y de mis palabras que son tú con otro nombre, que tienen tus olores y tu sonrisa, otra vez la sonrisa que sueltas cuando tomas, otra vez, y ahora tengo ganas de sonreírte y esa sonrisa, aquella tuya que se me hace mía en noches como esta, me da vueltas y el humo que sube, y el vaso que se llena, y la sonrisa que vuelve y la luz dorada que nace del poste en la neblina, y el humo que sale de mi nariz dibujando tu sonrisa, otra vez, frente a mí cuando cierro los ojos y la veo ahí, cerca, tan cerca, cuando cierro los ojos y está ahí frente a mí, esta noche, otra vez.

Amaneceré caminando, quizá sentado, con un vaso medio lleno, terco, con humo saliendo por mi nariz y dibujándote, dibujando la sonrisa y los ojos que se te hacen diminutos al sonreír, tras de mi con el humo que se va gentil, humano, mío.

miércoles, mayo 14, 2008

Petición-texto corto

Amémonos. Amémonos como antes, como cuando todo era nuevo, como cuando el sol se nos filtraba puro por las ventanas, entre las cortinas que revoloteaban, como nosotros, en perpetua sonrisa y emoción. Déjame abrazarte como antes, cuando temblabas un poco mientras descubría tus siluetas y los contornos vírgenes de tu cuerpo.

Abrázame, abrázame con el olor de la felicidad que destilabas sintiéndote mía, viéndote reflejada en mis ojos y en el espacio absoluto de mi pensamiento, repitiendo por siempre nuestros dedos cruzándose, sellando un juramento y un baile.

Tenme una vez más, como antes, como si fuéramos tú y yo, aquellos que éramos antes de ser estos que somos, que se inmolaban de amor bajo algunas hojas sin tiempo y en las caminatas de neblina. Ámame, tenme, suspira y muere en mi pecho agitado en el momento en que se une a ti.

Ámame al momento exacto que te amo, una última vez –si quieres luego te puedes ir, esta vez en serio, para siempre–, que luego yo me las arreglo con el dolor.

martes, marzo 04, 2008

Tres y una más

Me has dejado
y te has ido tres veces sin regresar,
y luego te volviste a ir
como para que quede claro
que me has dejado tres veces y una más.

Y me has dejado el recuerdo
de tus cigarros y el silencio amargo
de la última cama con nuestro olor.

El sabor áspero
de verte partir tres veces, y por si pasa algo,
una vez más.

lunes, enero 21, 2008

Retazos

Yo sabía que César tenía que morirse del corazón. Los dolores en el pecho se le iban haciendo más fuertes y los años se le colgaban de las pequeñas arrugas debajo de los pequeños ojos, y cuando abrazaba se estremecía como de frío. Angina, le dicen; los doctores insisten en llamarlos problemas cardiovasculares y calificaros, fulminantes, como un infarto, pero yo sé que es la enorme pena que implosiona todos los días adentro. La muerte de Victoria le cayó como encima como si Atlas bajara las manos de improvisto. Después de eso, y aunque siempre pensó que el único camino es hacia delante, fue consumiéndose en las noches de insomnio y con la cama fría por la ausencia. Las cosas de ella seguían ahí, tal como estaban antes que la llevaran al hospital como tantas otras veces esos tres meses finales. Era una vez más, una raya más al tigre. El cáncer que injustamente la fue devorando en silencio estaba, según los médicos que llaman a la pena infarto, controlado y encapsulado señora, usted no se preocupe que todo salió bien y a partir de ahora venga cada seis meses para sus chequeos, la señorita de la ventanilla uno le dará su cita ahora mismo si desea. Pero cuando la gripe se volvió inamovilidad y la sonrisa y los gritos de jovial ancianidad se le cortaron entre las quejas mudas, y el orín se tornó sangre, no quedó más que despedirse efusivamente y con la paz que dan esos momentos irremediables el último lunes, ante el presentimiento del colapso de su cuerpecito que, a esas alturas de la angustia, ya era un hecho consumado e irrefutable. El teléfono seguía en su lado de la cama y la pijama de Vicky aún, mal doblada, bajo la almohada. Los rosarios continuaban, como si hubieran estado ahí desde antes del tiempo, colgados en la pared, los papeles escritos, las cuentas y las boletas en los cajones y en los sobres que nadie movía y que jamás se empolvaban. La pena lo consumió. El cáncer a ella y la pena a él. Es como esos hoyos negros en el espacio que consumen todo, esos hoyos que los científicos no saben -por más que lo disimulen- qué son en realidad. Yo creo que es la pena enorme de Dios.

domingo, diciembre 23, 2007

Epitafio ideal de fin de año

La risa es como el amor. Lo mejor de ambos es cuando nacen, cuando explotan por sí mismos. La supernova de su sinceridad, la pequeña lágrima que nace con ellos. Cuando se enredan en el cuerpo, en los brazos abiertos que abrazan al mundo, la mañana, y los ojos que atraviesan los espacios insondables, que entran cómodos al pecho, al cuello, a los ojos que los ven y también entran.

Los mejor del amor es cuando te hace sonreír. Lo mejor de la risa es cuando te hace amar. Los mejor de ambos es el sabor detrás del paladar de como haber vencido al tiempo, es la respiración, el cosquilleo en los dedos que se tuercen; las pequeñas pausas, los espasmos, los latidos compartidos.

Lo peor de ambos no es cuando se detienen, es cuando ya no siguen más, cuando se agotan y quedan como el humo débil de una vela que no sobrevivió a la vigilia. Es cuando sabes que eso va a pasar, justo en el instante previo a que suceda. Lo peor de ambos es el silencio que les sigue, es apagarse, es cuando las manos caen y se nos arruga la frente, y nos encorvamos, cuando nos quedamos sentados sin nada que decir, más que recordar y manosear una última vez los que nunca más será.

Lo peor del amor es cuando te desvelas en silencio. Lo peor de la risa es cuando su silencio te desvela. Lo peor de ambos es extrañarlos, son los acordes menores que flotan alrededor, es la melancolía, es la nostalgia.

Lo peor de ambos es la lágrima que queda.

viernes, agosto 03, 2007

¡Brota!

Nace, riega el cielo
y vive.

Eternamente; y tu pupila se expande
al infinito
sabiéndose una
--------------------y todas
----------------------------y veremos.
Y dulce de nuevo,
fresas con leche en la sempiterna garganta.
Otra vez las mismas imágenes
y tú,
fuente inagotable que no fluye y se empoza
---------inalcanzable,
en los rincones de mi pesar.

domingo, julio 15, 2007

Frío

Qué pasa si te veo a los ojos y encuentro una infranqueable muralla que, enorme y áspera contradice mi esperanza y tu palabra,
si las noches se me hacen más largas,
dime, dime tú, qué hago cuando se derrumba el mundo entero, arden tristes los bosques y no quedan risas para columpiar mis tardes infantes y mis madrugadas inocentes.

Qué sucede cuando Vallejo se hace profeta y la resaca de todo lo vivido
se me empoza en el alma,
si el yo qué sé se perpetúa como mi estandarte,
qué si el dolor es reiterante y qué si los arrepentimientos inútiles.

Qué hacer cuando ya tu corazón no me habla como antes y qué si lo hace en otro idioma.

Qué si te escribo hasta agotar las palabras y lo sigo haciendo
obstinado en la eternidad, con mi cuerpo y mi sudor,
si como un fénix, solo muero para volver a vivir, para volver a escribirte.

Qué si la resurrección es amarga condena y el olvido esquivo.

miércoles, noviembre 22, 2006

Parpadeos

A veces te veo. Veo tus líneas y ciertas curvas, cuando me ves, y más veces, cuando no lo haces, o creo que no lo haces. Tienes una gracia que no conocía. Echado, veo tus contornos y un brillo en la línea que te separa, en dos dimensiones, del fondo; te veo sobresalir de la imagen que se forma de todo en mí. Veo como tu pecho sube y baja, suavemente, con cada respiro. Se eleva ligeramente, como tratando de jugar a que no lo hace, y tus labios, que son fríos, como muertos en la penumbra, ayudan. No dices nada, estás perfectamente callada. Sólo respiras. Tus largos cabellos sobre el pecho se contornean en la acogedora brisa de tu aliento, y en ese tibio sube y baja, que no se nota, pero tampoco se detiene. No hay nada más que el rumor de un silencio que llena el ambiente, y tú, desde ahí llenas todo, a tu manera.

Me atrevo y huelo tus cabellos, los huelo lento, saboreándolo, saboreando cada segundo. Nunca se repite un mismo momento. Nunca más sucederá igual, acaso siquiera similar. Alguien me dijo que eso celebran los japoneses cuando toman el té, conmemoran el momento. Es que a veces el presente nunca se puede palpar, es tan fugaz, que cuando reparas en él, ya no es más que un pretérito. Carpe Diem o lo que sea, el asunto es que en el devenir incontenible, hay que ser cada gota, para ser todo el río. Me convierto en cada uno de tus cabellos y me enredo en ti. Me enredo en mí, siendo todos tus cabellos, en tanto los sigo oliendo. Y tú me miras; me ves viéndote, y te veo verme. Pienso en cuanto te amo y sonríes, porque en silencio sabes lo que pienso y yo también sonrío, y los ojos se me reducen a dos líneas. Entonces, al cabo de unos segundos veo que detrás de esas pupilas estoy, y tú, detrás de las mías. Aprieto mis dedos entre tu cabello. Exhalo, sonrío y cierro los ojos.

Sigues ahí, a mi lado, más cerca que antes y la noche, también, acompañando, pero más lejos. No estás acá, estás en donde tu sueño desee que estés y sigues respirando como esperando a la Vida, que va un par de pasos por detrás. Te acomodas en mi pecho, buscando protección o dándomela, libre descansas y yo, boca arriba, te veo de reojo. De pronto haces ese ruido, ese que haces cuando duermes y que nace desde el fondo de tu garganta, volteo y estás igual. Eterna. Veo, y más importante, siento que solo te acomodas y soy completamente feliz. Y en ese momento, cuando duermes en mí, en perfecta armonía y comunión, caigo en cuenta que estoy en el lugar exacto donde quiero estar. Sonrío, cierro los ojos y duermo, tratando de alcanzarte allá. Dejando a la Vida un par de pasos detrás.